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¿Deseas ser Sacerdote o Religiosa?

clergyman

 

A lo mejor Cristo te ha estado llamando y tu aún no le has escuchado

 
monjas

Para ser Sacerdote o religiosa, se tiene que tener vocación y ¿Qué es una vocación? La palabra viene del latín “vocare”,  que significa “llamar”, por lo tanto, vocación es un llamado. En general, todos tenemos una vocación, un llamado, pues Dios nos ha dado a  todos talentos y habilidades particulares para la vocación a la cual hemos sido llamados.

Para muchos, su llamado es al estado de matrimonio: ser buenos esposos y esposas, ser buenos padres y madres, criando a sus niños en el temor del Señor. La palabra vocación, sin embargo, se usa generalmente cuando se habla de una persona escogida por Dios para ser sacerdote o religiosa.

La primera inquietud del joven referente a su vocación es sin duda lo relacionado al celibato y la castidad.

La castidad y el celibato implican un gran sacrificio por parte del sacerdote y de la religiosa, y fue por este motivo que Jesucristo dijo:

“No todos son capaces de recibir esto [la castidad o el celibato], sino aquellos a quienes es dado... El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba” (Mt. 19:11-12).

Nuestra Santa Madre la Iglesia, en su sabiduría y prudencia no permite que se ordene al sacerdocio o que se consagre como religiosa a una persona si antes no ha sido probado suficientemente en su vocación. Sólo porque una persona desee ser sacerdote o religiosa no significa que tengan una verdadera vocación. Una verdadera vocación se conoce cuando el individuo entra a un seminario o un convento y vive la vida de sacerdote o religiosa.

¿Cómo sabe un joven si es llamado o no al sacerdocio o a la vida consagrada como religiosa? Algunas veces los jóvenes se preocupan sobre su vocación; se preguntan cómo pueden saber si están llamados. Cada persona debe resolver el problema por sí misma. Pero es necesario buscar ayuda, es decir deberían acercarse a un sacerdote o a una religiosa y compartir con ellos sus inquietudes. Deberían pedirles que sean sus consejeros, directores espirituales o confesores, y ellos a medida que los van conociendo, les ayudaran a discernir su vocación.  

Muchos jóvenes piensan que si Dios los está llamando a su servicio, Él se lo manifestará de manera extraordinaria, como por ejemplo con la aparición de un ángel anunciándoles el llamado. Esta no es ciertamente la manera usual en que se dan las vocaciones. El llamado de Dios puede ser una voz interior, puede ser una cierta atracción espiritual por la vida religiosa o el sacerdocio, o puede ser un susurro apenas audible que se escucha ocasionalmente de Dios: “Ven y sígueme”.

La disposición más importante que deben tener nuestros jóvenes es el simple deseo de hacer la Voluntad de Dios. Así oró la Bienaventurada Virgen María en la Anunciación, “Hágase conmigo conforme a tu palabra”. Si nuestros jóvenes tienen esta actitud de conformidad a la Voluntad de Dios, encontrarán la vocación a la cual Dios les ha llamado en la vida.

Los padres católicos deberían recordar que mayor bendición no puede venir sobre su familia que el tener el llamado de uno de sus miembros a la vida religiosa o al sacerdocio.

En nuestros propios tiempos, cuando hay tanta necesidad por sacerdotes y religiosas para llevar a cabo la misión de la Iglesia, debemos trabajar para incrementar las vocaciones. Pero, ¿cómo puede lograrse esto? La respuesta se encuentra en el Evangelio de San Mateo:

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas, y predicando el evangelio... Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9:35-38).

Invitamos, pues, a las familias y comunidades a orar por las vocaciones sacerdotales y religiosas, porque las necesidades son muchas y los operarios son pocos.

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