Site hosted by Angelfire.com: Build your free website today!

La Honestidad

 

Un príncipe estaba por ser coronado Emperador, pero de acuerdo  con  la  ley,  él  debía  casarse.  Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de  su  propuesta. Al  día siguiente, el príncipe anunció que  recibiría en una  celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.


Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza  porque sabía  que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el   príncipe. Al   llegar  a  la  casa y contar los hechos a la joven, se alegró saber que  ella quería ir a la celebración.  Sin poder creerlo le preguntó: "¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de  la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé  que debes  estar  sufriendo,  pero  no hagas que el sufrimiento se vuelva locura".

 

Y la  hija  respondió:  "No,  querida  madre,  no estoy sufriendo y  tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de  estar por lo  menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz. "Por  la  noche  la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, el príncipe anunció el desafío: "Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la  flor  más  bella dentro de seis meses será escogida por mí, para que sea mi esposa  y futura  emperatriz.

 

   

 

El tiempo pasó y la dulce joven, como  no tenía  mucha  habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

 

Pasaron tres meses  y  nada brotó.

 

    

 

La joven intentó todos los métodos que  conocía  pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor  era  más  profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había  brotado.  Consciente  de su esfuerzo y dedicación la muchacha le  comunicó a  su  madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al  palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos  momentos. En  la  hora  señalada  estaba  allí,  con  su  vaso vacío. Todas las otras pretendientes  tenían  una flor, cada una más bella que la otra, de  las más  variadas  formas  y  colores. Ella  estaba admirada. Nunca había   visto una escena  tan  bella.

 

           

 

Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe  observó  a  cada una de las pretendientes con mucho cuidado y   atención. Después  de pasar por todas, una a una, anunció su resultado:

Aquella  bella  joven  con  su  vaso  vacío  sería  su  futura  esposa.

 

        

 

Todos los presentes  tuvieron  las  más  inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había  escogido  justamente  a  aquella que no había cultivado nada.


Entonces, con   calma  el  príncipe  explicó: "Esta joven  fue la única que cultivó   la flor  que  la  hizo digna  de  convertirse  en  emperatriz: la  flor   de  la   honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles"

 

                   

 

Este relato nos enseña a cultivar el valor de la honestidad. Hoy día, la  "viveza"  se  ha convertido en   un valor,  encubriendo la mentira, el engaño, la falta de honestidad para con nosotros mismos...

 

Se honesto.

 

 

Volver al Inicio                                   Volver a Instruir Deleitando